No sé.

Yo no sé de tareas simples
Tender la cama,
Doblar las medias,
Secar los platos.

No sé de verdades absolutas,
De besos de gusano,
De dioses que resucitan al tercer día
Mientras hay hambre y enfermedad,
Y poco vino y menos pan.  

Yo no sé de nada, mi amor.
Soy el desastre,
El manojo de cabellos secos y nerviosos,
Los jeans sucios
Y la pasta dental seca en el lavatorio.

Y tampoco sé de ser feliz,
Ni de ser esperanza que ilumina
Libro de autoayuda con aspiraciones a best seller
O mensaje en una galleta de la suerte.

Pero, si te pones difícil,
Puedo intentar ser, al menos, una gata
Que ronronea y eriza el lomo
Mientras pasea entre tus piernas.
Una gata que de tanto no entender este mundo
Ha decidido armar su casa,
Su techo, su plato de comida,
En la esquina exacta donde
Termina tu cuerpo y empieza el mío. 

Premonición

Ella es como de color magenta
o rojo bordeaux
de esos tonos que suenan a premonición
a no saber si correr o quedarse
y ver cómo estalla el mundo
o cómo se le estalla a uno el corazón.

La desvergonzada.

He vuelto a ser la puñalada en la espalda, el as bajo la manga, el Judas sin monedas ni remordimientos. He vuelto a ser el verdugo, el aquelarre tras la puerta, el fantasma de Baco, la afrodita de los traidores. He vuelto a ser, te digo, la magdalena de tus conquistas, la antagonista de tus telenovelas. Ser, soy, seré, fui. El verbo en todos sus tiempos y ella entre mis piernas.


Llévame al paredón. No hay piedad para quien disfruta de su culpa. 

O mentirse.




No me duele.

No me due-le.

No-me-due-le.

N-o m-e d-u-e-l-e.



Fragmentar al dolor hasta tragárselo. 

Todo.



Lo he perdido todo. El disfraz de poeta, la palabra endemoniada, la astucia de la sintaxis. Lo he perdido todo, te digo. Hasta el deseo de los reos, la ansiedad de los pobres, la nostalgia de los viejos. Solo besar esta piel de serpiente, solo huir al este y viajar hasta que la sed nos separe, solo bailar al ras de las virtudes. Solo lanzarte conmigo y sin mí, una y otra vez, a quién sabe dónde.

Solo la cobarde licenciada en jaque mates.   

Mis verbos se desdoblaban para cumplirte; mi sintaxis se tejía solo para mencionarte; mis puntos y comas, solo te pausaban para traerte de vuelta. Todas mis vocales y consonantes eran los soldados de tu elogio. Fieles, tímidos, valientes. Un ejército de letras que inventaban batallas para saciarte. Todo, todo era tuyo. 

Y sin embargo, ahora que te vas, lo único que me queda son las palabras.

Etre.

He sido la poeta de radionovela, la palabra sin gracia, la poesía de broma. Con estas manos sin ritmo, estos ojos muertos, este brillo impostado. He sido la sombra de la sombra, la luna en cuarto menguante, la página en blanco. Siempre vacía, siempre incompleta.  El disfraz de canalla, el corazón del verdugo, el amor de los idiotas. Lo he sido todo a medias y jamás siéndolo. Ser, ser, ser. ¡Qué miserable el verbo y qué desenfadado el adjetivo!

Ser y nunca llegar a alguna parte. 


Metalenguaje II

No necesito de tus palabras. El lenguaje ata y desata el pensamiento, sin dominarlo. La sintaxis se pierde en el caos de tus ojos sobre los míos. Las tautologías se desarman en la más burda de las simplezas. La fonética es imperceptible para quién ya escuchó demasiado. Te lo repito: no necesito de tus palabras.

Con la verdad de tu cuerpo me basta.

Metalenguaje I

Desnúdame sin promesas ni remordimientos; sin ataduras ni confesiones. Que las palabras sean invisibles, que los futuros salten por la ventana, que la libertad sea cómplice y canalla. Dejemos las frases de amor para los ilusos, el pan de mayo para los pobres, los deberes a los deudores. Solo desnúdame.

No necesito de juramentos paganos contigo a tres cuartas de mi ombligo.

Antónimos.

Estas sílabas que desentonan, estas líneas para no ser escuchadas, estos lunes que pecan de viernes. Este café que no madruga, esta pantalla que grita, estos dedos que mueren de pena. Estos, esos, aquellos. Como un no sé de árbitro, como un duda que se resbala en tus labios, como una palabra invisible. Cómo, cuándo, dónde. Eres todo y eres muy poco. A veces te olvido.

A veces no puedo.

 

SEMKESCH